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lunes, 22 de mayo de 2023

Bruno, el niño de 8 años, que encontró fósiles de un perezoso gigante de la edad de hielo en Miramar.











Un extraordinario hallazgo paleontológico, fue realizado por un niño de 8 años. La advertencia del hallazgo fue realizada por los padres. Personal del Museo de Ciencias Naturales fue quien procedió al rescate de los fósiles de unos 100 mil años antes del presente.

Miramar, una de las ciudades balnearias predilectas en Argentina, resguarda bajo la superficie, tesoros milenarios de un mundo ya desaparecido, siendo una de las localidades paleontológicas más transcendentales a nivel mundial desde fines del siglo XIX, llamando la atención del sabio Florentino Ameghino.

Días atrás, Bruno González, un niño miramarense de 8 años de edad, que, junto a sus padres, se encontraban paseando en las extensas playas del sur de la localidad bonaerense de Miramar, en las inmediaciones del arroyo La Ballenera, divisa unos huesos incrustados en el barranco.

Fue así que, Bárbara Lugones y Álvaro González, padres de Bruno, se ponen en contacto con el personal del Laboratorio de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, dependiente de la Fundación Azara y de la Municipalidad de General Alvarado, para dar a conocer el hallazgo y verificar si se trataban de verdaderos restos fósiles. 

De esta manera, se acercan al sitio junto al personal del museo en la zona del arroyo La Ballenera, lugar bien conocido por otros hallazgos de relevancia, como la mandíbula fósil de un vampiro gigante, el Desmodus draculae, que tuvo transcendencia mundial hace poco tiempo.

En este caso, se trataba de restos pélvicos y la cola articulada de un perezoso gigante extinto, llamado Scelidoterio (Scelidotherium leptocephalum), de unos tres metros de largo y un peso estimado en una tonelada, que vivió en Sudamérica durante el Pleistoceno, es decir, los últimos dos millones de años antes del presente, hasta hace 10 mil, momento que culmina la edad de hielo.

Luego de varias horas de trabajo, se logra la separación del “bochon” de sedimento, protegido con productos químicos, para ser trasladado a condiciones más adecuadas al laboratorio paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, donde aún, el Técnico Mariano Magnussen lo prepara cuidadosamente, debido a la fragilidad de los mismos y por el tiempo que tuvo expuesto a las condiciones ambientales.

Scelidoterio, es la especie más pequeña de todos los perezosos gigantes que vivieron en la región pampeana durante el Cuaternario. Pero igualmente era un gigante herbívoro, armado de enormes garras, las cuales, no solo utilizaban para defenderse o acceder a su alimento, sino que eran cavadores de enormes cuevas, que las utilizaban como madrigueras para refugiarse o cuidar su descendencia.

El material, que conforma la cola de este mamífero ya extinto, sigue en procesamiento técnico para su preservación. Luego será observado y estudiado por un equipo interdisciplinario conformado por investigadores de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, del Laboratorio de Anatomía Comparada y evolución de los Vertebrados (LACEV) dependiente del Macn- Conicet integrado por el paleontólogo Dr Federico Agnolin quien dirige los estudios científicos de la zona, y el mismo personal del museo miramarense.

En particular, este perezoso gigante vivió hace unos 100 mil años antes del presente, en un ambiente muy distinto al de hoy, acompañado de enormes bestias, como otros perezosos un más grandes (Megatherium), el enorme elefante sudamericano (Notiomastodon), gliptodontes (Doedicurus), tigres dientes de sable (Smilodon) y el oso de cara corta (Arctotherium), entre otros, argumento Daniel Boh, coordinador de Museos de Miramar.

Debemos destacar en esta ocasión, el correcto procedimiento de Bárbara y Álvaro, los padres de Bruno González, en acompañar y comunicarse con el museo, con el propósito de que sean extraídos por personal idóneo, para que se preserven en una institución científica. Los yacimientos paleontológicos y sus fósiles están protegidos por la ordenanza municipal 248/88, y por la Ley 25.743 que regulan estas actividades. Ante cualquier hallazgo en el Partido de General Alvarado, comunicarse con el museo. www.museodemiramar.com.ar




sábado, 13 de mayo de 2023

Morenelaphus brachiceros. 🦌 , el ciervo fosil en el Museo de Miramar.


Morenelaphus brachiceros. 🦌 Es otra de las especies que llegaron a principios del Pleistoceno. Pertenece a la familia de los Cervidos, pero se trata de un género totalmente desaparecido y algo más grande que los representantes vivientes de la familia. ⛏ En la localidad fosilífera de Centinela del Mar, se halla un enorme médano "fósil" con una antigüedad de 200 mil años antes del presente, allí hemos recuperado mucho material de esta especie y otras similares.

Ver mas en Museo de Ciencias Naturales de Miramar "Punta Hermengo". (museodemiramar.com.ar)

domingo, 7 de mayo de 2023

Tubo caudal de un gran mamifero prehistorico.


Seguimos con los Panochthus. Estos gigantes acorazados tenían una cola que terminaba en un gran garrote que se supone estaba provisto de gruesas púas. Este le servía para pelear entre ellos o defenderse de los predadores. Este es un fragmento hallado hace décadas por Néstor Ibargoyen en las playas de Centinela del Mar , el cual muestra un gran desarrollo en las bases de estas púas, que no ha sido visto en la bibliografía revisada. Será otra especie? Diferencia entre machos y hembras? Aún hay mucho por conocer sobre nuestra antigua megafauna. Es una donación de la familia Ibargoyen.

http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/principal.htm 

martes, 18 de enero de 2022

¡Pulgas eran las de antes!!! Rastros de actividad parasitaria en fósiles de Gliptodontes.






 

Hace poco tiempo, se han publicado dos trabajos (entre otros) sobre la identificación de actividades depredadora en caparazones de los extintos y enormes gliptodontes, como así también, en armadillos vivientes.

El técnico Mariano Magnussen, revisando algunas decenas de restos de gliptodontes en las colecciones paleontológicas del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, ha individualizado en un principio, fósiles de Glyptodon reticulatus, Glyptodon munizi y Neosclerocalyptus sp, con evidencia de bioerosion de parásitos (del tipo pulga) por la actividad depredadora de la icnoespecie Cuniculichnus variabilis. Es decir, estos parásitos generaban galerías y zona de protección de crías, perforando la piel y la estructura ósea.

Los armadillos actuales, sufren las mismas patologías, por parte de la hembra de la pulga perforadora (Tunga perforans). En la colección de Biodiversidad (Mastozoología) del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, también identificamos estas mismas trazas en especies actuales, como el peludo pampeano (Chaetophractus villosus) o la mulita (Dasypus hybridus).

En una recreación paleoartistica realizada por Daniel Boh tiempo antes, se observa un Glyptodon reticulatus con un grupo de aves sobre su coraza. Una imagen muy real, que sucedió en el Pleistoceno, cuando las aves acicalaban a estos gigantes ya desaparecidos.

Mas adelante les mostraremos otras bioerosiones detectadas en otros ejemplares.

Podes encontrar dos interesantes publicaciones en línea que inspiraron observar estos materiales depositados en las colecciones de nuestro museo.

http://www.ecobiouruguay.org.uy/wp-content/uploads/2016/06/Perea-et-al.-2019.-Insect-trace-fossils-in-glyptodonts-from-Uruguay-publicado-online.pdf

https://www.sarem.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/SAREM_NotasMamSud_1-2020_Ezquiaga.pdf

Mas info en www.museodemiramar.com.ar

domingo, 7 de noviembre de 2021

Un escarabajo sobreviviendo entre gigantes prehistóricos.


 La región pampeana argentina, es ampliamente conocida en forma mundial por la diversidad en restos fósiles de vertebrados de fines del Plioceno y Pleistoceno, desde grandes criaturas, y otros tan minúsculos como los de un pequeño roedor.

Si bien gran parte de la región pampeana los restos fósiles de grandes bestias como el Megatherium (de 4,4 metros de altura y el peso superior de un elefante moderno) y pequeños vertebrados como Calomys (una pequeña laucha) abundan a lo largo de los sedimentos del litoral marítimo (mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces y otros). Esto se debe a que característicamente los vertebrados están constituidos por un esqueleto óseo interno más resistente al tiempo y a otros agentes, compuesto por minerales, principalmente fosfato cálcico, lo cual favorece la preservación de sus vestigios en el registro fósil. Otros son tan infrecuentes como los insectos y los vegetales, al menos, en nuestra región.

Durante las III Jornadas Regionales del Centro en la ciudad de Olavarría se presentó un interesante trabajo titulado “Primer registro de un Tenebrionidae (Arthropoda, Coleoptera) asociado a restos del cráneo de un Mylodontidae (Mammalia, Xenarthra), en el Pleistoceno Superior de Punta Hermengo, Miramar, Provincia de Buenos Aires, República Argentina”, donde se da a conocer el icnofosil de un escarabajo que vivió hace miles de años.

En algunos casos excepcionales, se logra identificar moldes de algunas partes de un organismo invertebrado. Los moldes se forman tiempo después del que el organismo se incorpore en el sedimento, perdiendo todo contacto con el exterior, cuando las bacterias y otros organismos del suelo acumulan minerales. Al desintegrarse las partes orgánicas, y estas paredes revestidas de minerales se rellenan de sedimento o solamente quedan totalmente huecas, preservando la forma original, e incluso, detalles muy íntimos de la estructura.

Durante el Cenozoico, el número de géneros de escarabajos con representantes actuales fue aumentando paulatinamente. Así, en el ámbar báltico del Eoceno, más de la mitad de los géneros registrados han sobrevivido hasta la actualidad, y en el Mioceno la mayoría de los géneros aún tienen representantes vivientes. Los fósiles del Cuaternario son en su mayoría perfectamente adjudicables a especies actuales y prácticamente no se conocen extinciones o especiaciones durante este período, pero sí grandes cambios en la distribución geográfica de muchas especies en consonancia con los cambios climáticos.

En diciembre de 2002, se recuperó la mandíbula y parte del cráneo de un Scelidotherium leptocephalum, un perezoso gigante extinto de unos 3,5 metros de largo y de una tonelada de peso, por debajo de sedimentos lacustres de la localidad fosilífera de Punta Hermengo, sobre la zona sur de la ciudad de Miramar, históricamente conocida por el aporte de material paleontológico de vertebrados del Pleistoceno medio-superior.

Cuando el personal del Museo Municipal de Miramar se encontraba en las tareas de limpieza del cráneo, se retiró un fragmento de sedimento, que al quebrarse expuso dos moldes negativos de un individuo coleóptero.

Seguir leyendo la nota completa en “Un escarabajo sobreviviendo entre gigantes prehistóricos”. http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/naturales19.htm

sábado, 17 de julio de 2021

Hallan fósil de un verdadero vampiro gigante de 100 mil años en Miramar.




 


 La rama mandibular de un vampiro fue recuperada del interior de una madriguera de un perezoso gigante que vivió hace unos 100 mil años, cerca de la localidad bonaerense de Miramar, en Argentina.

Un interesante resto fósil fue presentado recientemente a la comunidad científica internacional, atribuido a un vampiro extinto, de tamaño mayor de los conocidos hasta el presente, en sedimentos del Pleistoceno, en las inmediaciones del arroyo La Ballenera.

Los vampiros en la actualidad, son mamíferos que solo viven solo en América, perteneciente a la familia de los desmodóntidos, conocidos por alimentarse de sangre de animales, o sea, son hematófagos. Constituye una variedad de murciélagos, que incluye a solo tres especies vivientes, como el vampiro común (Desmodus rotundus), vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), y el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata).

“Son la única familia de murciélagos en el mundo, que despierta curiosidad a partir de las leyendas de las Transailvania y su espeluznante conde Drácula. Pero en realidad son animales pacíficos que se alimentan de sangre de animales, y a veces de humanos, por unos breves minutos sin generar molestias, tal es así, que sus falsas víctimas ni lo presienten. Lo único malo, es que pueden transmitir rabia u otras enfermedades si están infectados. Seguramente sus representantes prehistóricos tenían comportamientos similares”, argumenta Mariano Magnussen, del Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar e investigador de la Fundación Azara, donde se resguarda el nuevo espécimen.

La rama mandibular del vampiro fue identificada como Desmodus draculae, especie encontrada por primera vez en Venezuela en 1988, la cual, alude al fantasmal personaje de ficción. Vivió en el Cuaternario de América, y tuvo un tamaño 30 % mayor que el vampiro común (Desmodus rotundus).

“Lo de vampiro gigante es relativo, pues, su envergadura seria de dimensiones algo más grandes que las de un teclado de computadora, pero, significativamente mayor a sus representantes actuales”, comento Santiago Brizuela, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, uno de los autores de la publicación en la revista de paleontología Ameghiniana, editada por la Asociación Paleontológica Argentina.

En el momento que vivió Desmodus draculae en el sudeste bonaerense, sobre lo que hoy es la costa atlántica de Argentina, la región estaba habitada por enormes perezosos gigantes, como el megaterio de unos 4,5 metros de altura, por manadas de elefantes sudamericanos extintos, mamíferos acorazados gigantes de más de 4 metros de largo y más de una tonelada de peso conocidos como gliptodontes, o por el emblemático tigre dientes de sable y muchas otras bestias, hoy totalmente extintos, cuyos fósiles se exhiben en el museo miramarense.

El nuevo fósil fue estudiado bajo un microscopio estereoscópico, y en comparación con los materiales de referencia disponibles en distintas instituciones, junto a los datos recuperados por los autores. Esto permitió al paleoartista Daniel Boh, titular del museo de ciencias naturales local, recrear a Desmodus alimentándose de un perezoso gigante.

Al ser consultado el investigador Daniel Tassara, colaborador del Museo de Ciencias Naturales Pachamama, y segundo autor de la publicación científica titulada NEW RECORD OF THE VAMPIRE DESMODUS DRACULAE (CHIROPTERA) FROM THE LATE PLEISTOCENE OF ARGENTINA, comento; “La rama mandibular de Desmodus draculae, fue encontrada en el interior de una cueva o madriguera de 1,2 metros de diámetro, atribuida a un perezoso gigante de la familia Mylodontidae, como Scelidotherium. No sabemos si este vampiro ingresaba a la cueva para alimentarse, refugiarse, o fue presa de otro animal” explico a los medios.

Otro detalle importante del descubrimiento de esta mandíbula fósil de vampiro, es que brinda datos paleoambientales y paleoclimáticos para el Pleistoceno superior, pues su pariente más directo, el vampiro común (Desmodus rotundus) actualmente se encuentra a 400 kilómetros al norte de la ubicación del “vampiro miramarense”. Por lo tanto, las condiciones ambientales del sitio del arroyo La Ballenera habrían sido diferentes a los que hoy podemos observar.

Los únicos antecedentes de vampiros antiguos de Argentina, corresponden a los hallados en esta zona. Uno de ellos, es un canino superior aislado del Holoceno tardío de la vecina localidad de Centinela del Mar, referido a Desmodus cf. D. draculae, que increíblemente no llego a ser un fósil, pues, la datación readiocarbonica dio una antigüedad de 300 años.

Lo que indica este nuevo resto fósil, el ejemplar histórico, y otros materiales en varios puntos de Sudamérica, es que Desmodus draculae, fue el último de los grandes mamíferos voladores, y se extinguió durante la época colonial, en 1820 aproximadamente, posiblemente como consecuencia de la ‘Pequeña Era de Hielo’.

Este hallazgo excepcional forma parte de las colecciones científicas del nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar, fundado en 2019 por parte del Municipio de General Alvarado y por la prestigiosa Fundación Azara, reafirmando la relevancia de los yacimientos paleontológicos del área y su vínculo con investigadores de distintas partes de Argentina y del extranjero.

lunes, 31 de mayo de 2021

Maxilar de un escuerzo fósil, hallado en las barrancas del Bosque del Vivero de Miramar.


En las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, tenemos registrados varios restos de Ceratophrys ameghinorum, del Plioceno y con una antigüedad de 3,3 millones de años. En este caso, este Ceratophrys  sp, es del Pleistoceno, hace unos 500 mil años antes del presente.

Los escuerzos del género Ceratophrys conforman un peculiar grupo de anuros neotropicales caracterizados por su notable robustez corporal y una cabeza desproporcionadamente grande.

Tenía una cabeza ancha e hidrodinámica como la de un animal nadador y cubierta por ásperas molduras óseas. Sus mandíbulas eran anchas y semi-circular provistas de una hilera de pequeños dientecillos aserrados, portando 8 dientes premaxilares y de 30 a 40 dientes maxilares, mientras que la mandíbula inferior carecía de estos.

Mas info en www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/paleontologia.htm

 

viernes, 5 de marzo de 2021

Mantenimiento del gliptodonte Panochthus, en el parque del Museo.




Trabajando en el mantenimiento del Panochthus, un género de Gliptodonte (armadillo gigante extinto), cuyos restos fósiles fueron encontrados en varias oportunidades en distintos lugares del Partido de General Alvarado. Esta escultura en tamaño natural, fue realizada por el paleoartista José Luis Gómez a pedido de la Fundación Azara, ahora emplazada en el majestuoso parque que circunda al Museo de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”.  El clima hostil invernal de la costa bonaerense y el intonso sol de verano, genera algunos daños sobre el material con que se realizó esta escultura. Ahora se la está protegiendo para extender el mantenimiento. 

Para conocer más visita http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/principal.htm

sábado, 20 de febrero de 2021

Curiosidades fósiles a las orillas del mar.

 


En algunas ocasiones, se pueden encontrar algunas estructuras llamadas coquinas, que se asemejan a cemento con restos de arena, caracoles y hasta huesos. Estos sedimentos solidificados o compactados, se han desplazados de su sitio original, corresponde a acumulaciones de arena de una antigua playa de fines del Pleistoceno, hace unos 10 mil años antes del presente, cuando la playa estaba a unos 100 kilómetros de su ubicación actual, momento, que en estas costas, deambulaban los últimos gliptodontes, mastodontes, perezosos gigantes, dientes de sable y una infinidad de raros gigantes.

Muchos de estos caracoles que se observan en la costa miramarenses, son “fósiles”, y en ocasiones están acompañados de estos sedimentos. Además de bivalvos y gasterópodos, se pueden encontrar dientes de tiburones, restos de ballenas y equinodermos, los cuales demostrarían un mar con mayor temperatura oceánica para fines de “la edad de hielo”.

En las colecciones científicas del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, se conservan numerosas muestras de estas antiguas playas, cuyas evidencias y biodiversidad de muestras, son importantes para el conocimiento paleoambiental y paleoclimatica para el hemisferio sur.

Mas info en http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/principal.htm


miércoles, 21 de octubre de 2020

La Megafauna del Pleistoceno bonaerense.


El término megafauna comprende al conjunto de animales cuya masa corporal adulta excede la tonelada de peso. Suele ser utilizado para hacer referencia a los gigantescos animales que vivieron entre los 2.000.000 y los 10.000 años antes del presente (en el Pleistoceno).

Los invitamos a remontarnos en el tiempo , a unos 100 siglos y comprobar que, recorrer Miramar y sus alrededores por ese entonces hubiera sido un verdadero safari, que en nada envidiaría a los que en la actualidad se pueden realizar en el continente africano.

Hasta hace más de 10.000 años mamíferos de gran rareza y tamaño, como perezosos terrestres, gliptodontes, toxodontes, macrauquenias, mastodontes. Tigres dientes de sable, osos y caballos americanos vivían en la zona.

Seguir leyendo en http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/paleontologia%202.htm

lunes, 28 de septiembre de 2020

Actenomys, un roedor de 3 millones de años encontrado en Miramar.


En la sala de paleontología destinada al Terciario, se exhiben numerosos fósiles de distintos animales que vivieron en nuestra región, hace 3 millones de años, entre ellos  Actenomys. 

Es un género desaparecido a comienzos del Pleistoceno. Estaba emparentado con el actual genero Ctenomys (tucos tucos) los cuales tienen una gran diversidad en Sudamérica.

Es probable que fuera de hábitos subterráneos, ya que sus restos normalmente son hallados en antiguas madrigueras. Su alimentación era herbívora, constituida principalmente por raíces y bulbos.

Cuerpo algo corto pero ancho. Sus vértebras cervicales cortas y poca movilidad, así que el animal debería voltearse completamente para ver hacia atrás. Su tamaño duplica notablemente a sus parientes actuales, y durante el Plioceno fueron la presa predilecta de muchos depredadores.

Su extinción está asociada a la desaparición de otros ejemplares. Su origen es aloctono, pudiendo ingresar probablemente al continente durante el Oligoceno medio. Se han podido colectar centenares de piezas, como esqueletos, cráneos y mandíbulas en  Miramar.

Mas info en http://www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/paleontologia.htm

lunes, 24 de agosto de 2020

Hemiauchenia, un extinto camélido fosil gigante encontrado en nuestra zona.



Los camélidos fósiles se encuentran entre los mamíferos que llegaron a Sudamérica hace unos 3 millones de años, durante el intercambio faunísticos. Había algunos del tamaño del guanaco actual, pero otros como Hemiauchenia paradoxa eran gigantes, cuyos restos hemos hallado en Miramar y Partido de General Alvarado.

En los últimos 700 mil años, las llamas y los guanacos no estaban restringidos a su presente distribución andino-patagónica, y eran habitantes frecuentes de nuestras praderas bonaerenses.

Hemiauchenia o Paleolama, fueron camélidos oriundos de América del norte. El registro más primitivo de la familia Camelidae, corresponde al Plioceno de Barranca los Lobos, entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar, aunque se reportaron otros restos de mayor antiguedad en las inmediaciones de la localidad de  Olavarria.

Su apariencia era semejante a la de una llama o guanaco actual, pero su altura supera la de un camello viviente de Asia y África, con  unos 2,5 metros aproximadamente. Su peso estimado es de una tonelada.  Se alimentaba principalmente del pastoreo y sus restos son muy abundantes en la Provincia de Buenos Aires hasta hace unos 8 mil años, quedando reemplazados por los géneros vivientes, los cuales después del siglo XVII desaparecieron completamente de la región pampeana, sobreviviendo en las estepas patagónicas.

Lama guanicoe fue de menor tamaño y es el guanaco actual, cuyos restos fósiles son conocidos desde el Pleistoceno por Lama gracilis. Los restos de Hemiauchenia, se han colectado en Sudamérica desde Bolivia, hasta el sur de la Patagonia, incluyendo Chile, Uruguay, y Argentina.

Los fósiles que se encuentran exhibidos en la sala número cinco del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, fueron hallados por la familia López, cerca de Centinela del Mar. La ilustración fue realizada por Daniel Boh.