domingo, 5 de septiembre de 2021

Descubren fósiles de aves carroñeras más grandes que los cóndores cerca de Centinela del Mar y en otros lugares.



Los teratornos fueron aves voladoras gigantescas de hábitos carroñeros y predadores que habitaron el continente americano durante casi 25 millones de años hasta su extinción hace unos 12 mil años. Sus restos fueron encontrados en Santa Fe, Pehuen Co y en las inmediaciones de Miramar.

Se han reconocido unas siete especies de teratornos, entre ellos Argentavis magnificens, hallado en la década de 1970 en La Pampa. Con un peso estimado en 70 kilogramos y una envergadura alar de hasta 7 metros. Argentavis es el ave voladora de mayor tamaño conocida hasta el momento.

 Los primeros restos de teratornos fueron descubiertos en 1909 en los célebres pozos asfálticos de Rancho La Brea, California. Allí se recuperaron centenares de ejemplares pertenecientes a la especie que da nombre a esta familia de aves extintas: Teratornis merriami (“ave monstruosa de Merriam”, como refiere su nombre científico). A pesar de que se conocen restos de estas aves desde hace más de un siglo, sus vinculaciones con otras aves permanecen aún inciertas, postulándose relaciones con los cóndores, los pelícanos y las cigüeñas.

 “Se cree que los teratornítidos se originaron en América del Sur ya que sus restos más antiguos fueron hallados en yacimientos con edades de entre 25 y 5 millones de años ubicados en Brasil y Argentina. Luego de este periodo de tiempo los teratornos desaparecen del registro fósil sudamericano, pero se vuelven notablemente abundantes y diversos en América del Norte hasta su extinción al final del Pleistoceno, unos 12 mil años atrás. La ausencia de estas gigantescas aves durante los últimos 5 millones en América del Sur de años, era hasta el momento un misterio”, señala Marcos Cenizo, de la Fundación de Historia Natural Felix de Azara.

Recientemente un equipo de investigadores argentinos comunicó en la revista Journal of Vertebrate Paleontology el hallazgo de nuevos teratornos en las provincias argentinas de Buenos Aires y Santa Fe, revelando detalles acerca de la evolución tardía de estas aves en América del Sur.

Los investigadores pertenecientes a la Fundación Azara, el CICYTTP-CONICET Diamante, la Facultad de Ciencia y Tecnología-UADER y el Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama, señalaron las fuentes: “Su presencia había pasado inadvertida por muchos años, algunos materiales fueron colectados en la década del 30, en parte porque se trataba de ejemplares muy fragmentarios y fácilmente confundibles con cóndores… pero hace unos 10 años comenzamos a ver que no se trataba de cóndores, por suerte pudimos hallar nuevos y más completos especímenes confirmando que en realidad eran teratornítidos.”

 “El primer ejemplar que identificamos había sido hallado en los 80 en Playa del Barco, un yacimiento próximo a Pehuén Có. Luego el equipo halló dos nuevos restos, uno dentro de la proyectada Reserva Natural Centinela del Mar, próxima a Mar del Sud y Miramar, que en los próximos meses inaugurada la Estación Científica en esta localidad; y el otro en el río Salado de Santa Fe, cerca de Manucho. Se adicionó un ejemplar más, reportado previamente como un cóndor, que fuera colectado entre 1930 y 1950, también en esta última provincia.”

 “El estudio comparativo de los restos sugiere que podría tratarse de una nueva especie afín al norteamericano Teratornis merriami, sin embargo, su confirmación requiere de restos más completos. Por otra parte, el análisis de la diversidad y cronología de las comunidades de aves carroñeras y predadoras de ambas Américas parece indicar que los teratornítidos se extinguieron varios miles de años antes en Sudamérica, mientras en Norteamérica llegaron a convivir con los primeros grupos humanos hasta unos 12 u 11 mil años atrás.”  

"Por su tamaño estas aves ocuparon lugares significativos en las redes tróficas del Pleistoceno en América del Sur, siendo de gran relevancia a la hora de comprender como funcionaron los ecosistemas pasados y de este modo interpretar con mayor profundad el funcionamiento de los actuales. Los ecosistemas son procesos históricos por lo que debemos ahondar también en el pasado para comprender su origen, desarrollo y estructura actual.”

En el estudio de estos materiales, participaron los investigadores Marcos Cenizo, Jorge Noriega, Raúl Vezzosi, Daniel Tassara, Rodrigo Tomassini, integrantes de las instituciones ya citadas.

El estudio esta disponible como; First Pleistocene South American Teratornithidae (Aves): New Insights into the Late Evolutionary History of Teratorns. Journal of Vertebrate Paleontology.

https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02724634.2021.1927064


 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Vacaciones de Invierno en Miramar.




 Imágenes de las visitas guiadas grupales y con protocolos sanitarios en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, organizadas en las vacaciones de invierno.

Los carpinchos ya estaban presentes hace unos 3,5 millones de años en la región pampeana.

 




La “carpinchomania” de los últimos días, debido a los reclamos por la “invasión” en nordelta de este simpático roedor, aprovechamos para contarles que, en la localidad bonaerense de Miramar, se han recuperado en varias oportunidades, restos fósiles de estos animales, que atestiguan su remoto reinado.

En la actualidad, el carpincho de la especie Hydrochoerus hydrochaeris, es el roedor más grande del mundo, y pertenece, a la subfamilia Hydrochoeridae, según recientes estudios genéticos. En otros tiempos geológicos estuvo representado por verdaderos gigantes, hasta llegar a la versión que conocemos, y que tanta polémica protagonizaron en los medios de comunicación y redes sociales en los últimos días.

“En el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, se exhiben y resguardan en las colecciones científicas, varias piezas de los últimos 3,5 millones de años antes del presente”, sostiene Mariano Magnussen, del laboratorio paleontológico del museo local y Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

Se trata de Phugatherium novum, una versión primitiva de los actuales carpinchos o capibaras, pero de tamaño mayor, con una talla comparable a la de un tapir asiático. 

Sus primeros restos corresponden al Mioceno, hace 9 millones de años, hasta el Plioceno, hace 3 millones de años, momento en que se extinguió. “Para entonces, Sudamérica se unía a Norteamérica, provocando el intercambio faunistico entre ambos hemisferios, sumado al cambio de las corrientes marinas y el enfriamiento continental a nivel global. Además, la caída de un asteroide en la zona próxima a Chapadmalal, provoco una lluvia de sedimento fundido en toda la región y grandes incendios, y la explosión de una supernova, habrían influenciado dramáticamente sobre muchos grupos faunísticos autóctonos o primitivos invasores”, argumento enfáticamente Magnussen.

El cráneo de Phugatherium refleja un rostro alargado y estrecho. La longitud del cráneo es la doble a la atribuida al carpincho actual, superando fácilmente los 50 centímetros. Su fémur y humero, guardan la misma relación en su longitud con el género actual, pero el ulna o cubito, radio, tibia, peroné y demás huesos de las patas, son mucho más desarrollados y largos que sus representantes actuales, por lo cual Phugaterium, parecía un carpincho de patas largas, lo que morfológicamente concuerda con mamíferos corredores, y con un peso superior a los 200 kilos, mientras que el carpincho actual, llega a los 65 kilogramos.

Su dentición está conformada por incisivos desarrollados y largos, y una serie molariforme laminada, demostrando gran diferencia entre ejemplares adultos y juveniles, lo que llego a confundir durante décadas a los científicos, conformando, géneros y especies nuevas que terminaron siendo la misma. Su alimentación estaría basada principalmente de vegetales que crecían en las inmediaciones de zonas pantanosas.

No sabemos muy bien cuando apareció el género y especie viviente, pero fue inmediatamente luego de la desaparición del Phugatherium, seguramente en el Pleistoceno temprano, hace unos dos millones de años.

“Además de encontrar restos óseos de la versión más primitiva del Plioceno, hemos recuperado en Miramar, huellas fósiles de un carpincho de 100 mil años antes del presente, llamado Porcellusignum conculcator, en sedimentos próximos al muelle de pescadores de esta localidad balnearia, asociados al Felipeda miramarensis, un diente de sable que también dejo sus rastros en una laguna que hoy en día ya no existe” sostuvo Magnussen.

Si bien, estos animales no tienen la talla de sus antepasados prehistóricos encontrados en varias regiones de Argentina y América, no deja de ser un animal fascinante que invitamos a descubrir y entender. La destrucción de su ambiente natural en los humedales, con el fin de generar zonas de pastoreo para bovinos, el relleno y ocupación para el negocio inmobiliario, provoca el desplazamiento de grandes poblaciones que no pueden encontrar alimento en su propia naturaleza, invadiendo centros urbanos en busca de cualquier planta, las cuales, muchas de ellas no están en su dieta natural provocándoles distintas patologías.

Estas poblaciones de carpinchos han perdido por la destrucción de su hábitat, a sus depredadores naturales, como zorros, pumas, yaguaretés entre otros, un claro ejemplo del delicado equilibrio ecológico que debemos respetar.


Presentación del libro “Los Parodi. Un siglo de protagonismo en la paleontología de vertebrados”.

 






Presentación del libro “Los Parodi. Un siglo de protagonismo en la paleontología de vertebrados”.
 
Un libro con interesantes y claros datos históricos. Corresponde a la autoría del Dr Eduardo Tonni. “Los Parodi”, contribuyeron al conocimiento científico desde principios del siglo XX, vivieron y realizaron numerosos hallazgos en Miramar, y en otras partes de Argentina. Hace unos días tuve la oportunidad de presenciar el adelanto de esta publicación presentada por la Fundación Azara, en un encuentro organizado por el Museo de La Plata. 
 
Lorenzo Parodi, Lorenzo Julio Parodi, Rodolfo Parodi Bustos y Rogelio Oscar Parodi son cuatro nombres que representan a otras tantas personas vinculadas con la paleontología de los vertebrados durante un lapso de poco más de un siglo. Cuatro personas que se relacionaron con la paleontología con modos y éxitos diferentes pero todos impulsados por una misma pasión, la que les fue transmitida directa o indirectamente por los hermanos Ameghino.

viernes, 6 de agosto de 2021

Florentino Ameghino, 110 años de la muerte del gran sabio argentino.

 



Florentino Ameghino fue uno de los grandes paleontólogos y geólogos americanos. Descubrió más de 6.000 especies fósiles. Recorrió Miramar al menos tres veces y estudio varios fósiles hallados en nuestra región por su hermano Carlos. No sólo se dedicó a reconocer, ordenar y sistematizar; si no que acompañó sus observaciones con interpretaciones agudas e ingeniosas que le permitieron elaborar complejas teorías. Particularmente las relativas a la geología y a la paleontología siguen siendo de uso y referencia insoslayable por los científicos e investigadores en la actualidad.  Imagen de “Argentina Restaura”.

Más info de Florentino Ameghino”; www.museodemiramar.com.ar/museodemiramar/naturales/florentino_ameghino.htm