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sábado, 5 de marzo de 2022

El Museo de Ciencias Naturales de Miramar en los medios más importantes del mundo


 En este caso, por medio del estudio realizado por los paleontólogos Santiago Brizuela y Daniel Tassara, con la publicación del hallazgo de un vampiro fósil denominado “Desmodus draculae”, en sedimentos de 100 mil años de antigüedad en las inmediaciones del arroyo La Ballenera, cerca de Miramar. Ver más en 

https://www.ngenespanol.com/animales/asi-era-el-murcielago-gigante-que-vivio-en-sudamerica-hace-100000-anos/

miércoles, 4 de agosto de 2021

100,000-Year-Old Fossil of Giant Vampire Bat Found in Argentina.

 




Paleontologists in Argentina have found a fossilized jaw of the extinct bat species Desmodus draculae inside an ancient burrow of a giant sloth.

Desmodus draculae is an extinct species of leaf-nosed bat that inhabited Central and South Americas from the Pleistocene epoch until the early Holocene epoch.

First described in 1988, its fossils are known from Argentina, Mexico, Ecuador, Brazil, Venezuela, Belize, and Bolivia.

Desmodus draculae had a wingspan of up to 50 cm (20 inches) and a body mass of 60 g, making it the largest known vampire bat of all time.

It belongs to the subfamily Desmodontinae (vampire bats), which also includes three extinct and three living species.

“The size of Desmodus draculae was larger than that of a computer keyboard and significantly larger than that of its living relatives,” said Dr. Santiago Brizuela, a paleontologist at the Universidad Nacional de Mar del Plata and CONICET.

The food source of Desmodus draculae and other vampire bats is blood, a dietary trait called hematophagy.

“Their name came from the legends of the Transailvania and its creepy Count Dracula,” said Mariano Magnussen, a paleontologist at the Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

“In reality, they are peaceful animals that feed on the blood of animals, and sometimes humans, for a few minutes without causing discomfort.”

“The only bad thing is that they can transmit rabies or other diseases if they are infected. Surely their prehistoric representatives had similar behaviors.”

The new fossil of Desmodus draculae is at least 100,000 years old (Late Pleistocene epoch).

It was found at a paleontological site near southeastern Buenos Aires in Argentina.

“The jaw of Desmodus draculae was found inside a cave or burrow 1.2 m (3.9 feet) in diameter attributed to a giant sloth of the family Mylodontidae, such as Scelidotherium,” said Dr. Daniel Tassara, a paleontologist at the Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama.

“We do not know if this vampire entered the cave to feed, take refuge, or was prey to another animal.”

“Desmodus draculae was the last of the giant flying mammals. It became extinct during the colonial period, around 1820, possibly as a consequence from the Little Ice Age,” the researchers said.

The team’s paper was published in the journal Ameghiniana.

Santiago Brizuela & Daniel A. Tassara. 2021. New Record of the Vampire Desmodus draculae (Chiroptera) from the Late Pleistocene of Argentina. Ameghiniana 58 (2): 169-176; doi: 10.5710/AMGH.30.12.2020.3379

sábado, 17 de julio de 2021

Hallan fósil de un verdadero vampiro gigante de 100 mil años en Miramar.




 


 La rama mandibular de un vampiro fue recuperada del interior de una madriguera de un perezoso gigante que vivió hace unos 100 mil años, cerca de la localidad bonaerense de Miramar, en Argentina.

Un interesante resto fósil fue presentado recientemente a la comunidad científica internacional, atribuido a un vampiro extinto, de tamaño mayor de los conocidos hasta el presente, en sedimentos del Pleistoceno, en las inmediaciones del arroyo La Ballenera.

Los vampiros en la actualidad, son mamíferos que solo viven solo en América, perteneciente a la familia de los desmodóntidos, conocidos por alimentarse de sangre de animales, o sea, son hematófagos. Constituye una variedad de murciélagos, que incluye a solo tres especies vivientes, como el vampiro común (Desmodus rotundus), vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), y el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata).

“Son la única familia de murciélagos en el mundo, que despierta curiosidad a partir de las leyendas de las Transailvania y su espeluznante conde Drácula. Pero en realidad son animales pacíficos que se alimentan de sangre de animales, y a veces de humanos, por unos breves minutos sin generar molestias, tal es así, que sus falsas víctimas ni lo presienten. Lo único malo, es que pueden transmitir rabia u otras enfermedades si están infectados. Seguramente sus representantes prehistóricos tenían comportamientos similares”, argumenta Mariano Magnussen, del Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar e investigador de la Fundación Azara, donde se resguarda el nuevo espécimen.

La rama mandibular del vampiro fue identificada como Desmodus draculae, especie encontrada por primera vez en Venezuela en 1988, la cual, alude al fantasmal personaje de ficción. Vivió en el Cuaternario de América, y tuvo un tamaño 30 % mayor que el vampiro común (Desmodus rotundus).

“Lo de vampiro gigante es relativo, pues, su envergadura seria de dimensiones algo más grandes que las de un teclado de computadora, pero, significativamente mayor a sus representantes actuales”, comento Santiago Brizuela, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, uno de los autores de la publicación en la revista de paleontología Ameghiniana, editada por la Asociación Paleontológica Argentina.

En el momento que vivió Desmodus draculae en el sudeste bonaerense, sobre lo que hoy es la costa atlántica de Argentina, la región estaba habitada por enormes perezosos gigantes, como el megaterio de unos 4,5 metros de altura, por manadas de elefantes sudamericanos extintos, mamíferos acorazados gigantes de más de 4 metros de largo y más de una tonelada de peso conocidos como gliptodontes, o por el emblemático tigre dientes de sable y muchas otras bestias, hoy totalmente extintos, cuyos fósiles se exhiben en el museo miramarense.

El nuevo fósil fue estudiado bajo un microscopio estereoscópico, y en comparación con los materiales de referencia disponibles en distintas instituciones, junto a los datos recuperados por los autores. Esto permitió al paleoartista Daniel Boh, titular del museo de ciencias naturales local, recrear a Desmodus alimentándose de un perezoso gigante.

Al ser consultado el investigador Daniel Tassara, colaborador del Museo de Ciencias Naturales Pachamama, y segundo autor de la publicación científica titulada NEW RECORD OF THE VAMPIRE DESMODUS DRACULAE (CHIROPTERA) FROM THE LATE PLEISTOCENE OF ARGENTINA, comento; “La rama mandibular de Desmodus draculae, fue encontrada en el interior de una cueva o madriguera de 1,2 metros de diámetro, atribuida a un perezoso gigante de la familia Mylodontidae, como Scelidotherium. No sabemos si este vampiro ingresaba a la cueva para alimentarse, refugiarse, o fue presa de otro animal” explico a los medios.

Otro detalle importante del descubrimiento de esta mandíbula fósil de vampiro, es que brinda datos paleoambientales y paleoclimáticos para el Pleistoceno superior, pues su pariente más directo, el vampiro común (Desmodus rotundus) actualmente se encuentra a 400 kilómetros al norte de la ubicación del “vampiro miramarense”. Por lo tanto, las condiciones ambientales del sitio del arroyo La Ballenera habrían sido diferentes a los que hoy podemos observar.

Los únicos antecedentes de vampiros antiguos de Argentina, corresponden a los hallados en esta zona. Uno de ellos, es un canino superior aislado del Holoceno tardío de la vecina localidad de Centinela del Mar, referido a Desmodus cf. D. draculae, que increíblemente no llego a ser un fósil, pues, la datación readiocarbonica dio una antigüedad de 300 años.

Lo que indica este nuevo resto fósil, el ejemplar histórico, y otros materiales en varios puntos de Sudamérica, es que Desmodus draculae, fue el último de los grandes mamíferos voladores, y se extinguió durante la época colonial, en 1820 aproximadamente, posiblemente como consecuencia de la ‘Pequeña Era de Hielo’.

Este hallazgo excepcional forma parte de las colecciones científicas del nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar, fundado en 2019 por parte del Municipio de General Alvarado y por la prestigiosa Fundación Azara, reafirmando la relevancia de los yacimientos paleontológicos del área y su vínculo con investigadores de distintas partes de Argentina y del extranjero.